martes, 15 de noviembre de 2011

El sueño de la autonomía.

Sea lo que sea que puedas o sueñes que puedas, comienzalo. Atrevimiento posee genio, poder y magia. Comiénzalo ahora.

Johann Wolfgang Von Goethe


Estoy siendo testigo de como los sueños autonomistas de algunos zapotecos se tambalean ante la falta de un proyecto concreto, bien articulado. El devenir diario, del "politico-acción" sin un plan real y viable de trabajo, adecuado a los verdaderas formas de trabajo en al administración pública, no son mas que palos de ciego.


Montar un proyecto sobre algo que a todos nos gusta (el folklore zapoteca) es sencillo. El problema es dar el salto de lo que a la gente le resulta simple: ir a aplaudir a sus paisanos cantar y contar historias en zapoteco. Su costo de oportunidad es cero y por el contrario, reciben gratis el beneficio del esparcimiento cultural. Los artistas zapotecos lo hacen casi gratis porque en nuestra cultura preservar nuestra identidad a través de la reproducción cíclica de estos patrones es una forma de cumplir con la comunidad, de ser "muy binniza".


Algo muy distinto es comprometerse con un proyecto político. Con político me refiero a la búsqueda del poder para la aplicación de un proyecto social, económico y cultural, que a esa colectividad le resulte, según su conocimiento el que mejor ajusta a sus legítimos intereses.


Hacerlo (comprometerse con un proyecto político) tiene sus costos; si los beneficios no los compensan (el costo de estar en mítines, de darle la espalda a los recursos de la federación, de dejar de recibir los subsidios del Seguro Popular, de Oportunidades, Procampo y todos los programas de CDI), simplemente se está perdiendo el tiempo.

Los programas sociales y la obra pública federal y estatal, simplemente elevan el costo del beneficio que el proyecto autonomista debe tener. La ecuación es simple: O la nación autónoma puede darle más a los bolsillos de los zapotecas, o de otro modo se están construyendo castillos en el aire, llenos de hermosas canciones de los Binigulaza.

El pragamatismo es lo que triunfa en estos casos. Analicemos el caso de las autonomías catalanas, vascas, gallegas: Son regiones que producen más de lo que sus federaciones les da, con mejores niveles de desarrollo humano que el resto de la población dentro de los países que los engulleron. La región de Santa Cruz en Bolivia es otro caso en el que una región fuerte y productiva tiene suficiente poder de negociación para concretar una autonomía.

Una segunda vía de autonomía es la creación de un nuevo territorio parte de la Federación; sin romper el pacto federal. El beneficio sería la autogestión regional. Sin embargo sin un plan coherente destinado a elevar la calidad de vida de los bene za no deja de ser un sueño istmeño, vallisto o serrano, un sueño irracional que abriría paso a nuevas disputas viles por los recursos federales.

Queremos ser independientes para tocar nuestros sones, cantar nuestras canciones y hablar nuestra lengua sin que nadie nos diga nada. ¿Para eso? que respuesta tan mediocre sería la afirmativa.





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