sábado, 26 de noviembre de 2011

Precisiones a la autonomía

Es un tema sumamente delicado. Desde la perturbación de las fibras de los poderes fácticos en Oaxaca, hasta la carencia de un verdadero plana articulado y sensato para la gente. Dije la gente, con todo el sentido que ello implica en su traducción al Didxazá.

Estaba releyendo mi entrada anterior y pensé en que debía aclarar el punto sobre las revoluciones utópicas tipo Cuba. Desconozco a plenitud el contexto histórico de esta revolución, sin embargo, sólo quiero aclarar que esa mención sólo se refería a un proyecto que encabezó en Yalálag el grupo de "la Loma" encabezado por Joel Aquino a principios de los años 80 en Villa Hidalgo Yalálag. Un rotundo fracaso que derivó en un nuevo cacicazgo. Aquel proyecto inició lleno de buenas intenciones a las que el mercado y las verdaderas formas de comercialización y acaparamiento de los productos asfixiaron.

Con ello quiero decir que no se puede montar un ridículo proyecto autonomista como el del Comité Melendre sin atar todos los cabos de cómo funciona la economía regional, la producción, lo que come la gente, sus salarios. Si un proyecto de esa magnitud busca tener éxito, no se debe basar en el floklore. "Busquemos la autonomía para seguir cantando nuestras canciones en nuestro rinconcito tropical". Hasta la fecha ese ha sido el mensaje político de ese Comité Melendre.

Si en verdad busca convertirse en un proyecto político serio debe alejarse de la lógica política del siglo XIX. En aquella el poder central quedaba a días y a veces semanas de distancia en la comunicación y reacciones. Los poderes fácticos no tenían el poder de reacción que hoy tienen, ni los recursos actuales. La autonomía obtenida por el Ciudadano Melendre no fue otra cosa más que una concesión a un chantaje político.

El Comité Melendre no tiene otra opción que constituirse en una autonomía moderna. Responsable de sus finanzas públicas, con ello quiero decir que sea capaz de generar ingresos fiscales para ser realmente AUTÓNOMA. No se puede ser autónomo de PAPÁ si aún nos da para nuestros gastos, eso es ridículo. Pero es peor aún si el niño ni siquiera sabe que vive del dinero de papá, ni qué es lo que le paga o en qué debe gastar lo que papá le da. De esa magnitud es la ignorancia del Comité Melendre. ¿Qué esperan? Que pasen 5 años que se conviertan a los diez en un cacicazgo para empezar a comprender cómo se debe administrar los recursos que les da la Federación y el Estado. ¿Por qué no lo aprenden desde ahora? ¿Sabe el Comité para qué quiere la Autonomía? ¿Cómo se deshace un agravio histórico con esta autonomía? Y con esta última pregunta estoy respondiendo la pregunta previa y cierro este post.

martes, 15 de noviembre de 2011

El sueño de la autonomía.

Sea lo que sea que puedas o sueñes que puedas, comienzalo. Atrevimiento posee genio, poder y magia. Comiénzalo ahora.

Johann Wolfgang Von Goethe


Estoy siendo testigo de como los sueños autonomistas de algunos zapotecos se tambalean ante la falta de un proyecto concreto, bien articulado. El devenir diario, del "politico-acción" sin un plan real y viable de trabajo, adecuado a los verdaderas formas de trabajo en al administración pública, no son mas que palos de ciego.


Montar un proyecto sobre algo que a todos nos gusta (el folklore zapoteca) es sencillo. El problema es dar el salto de lo que a la gente le resulta simple: ir a aplaudir a sus paisanos cantar y contar historias en zapoteco. Su costo de oportunidad es cero y por el contrario, reciben gratis el beneficio del esparcimiento cultural. Los artistas zapotecos lo hacen casi gratis porque en nuestra cultura preservar nuestra identidad a través de la reproducción cíclica de estos patrones es una forma de cumplir con la comunidad, de ser "muy binniza".


Algo muy distinto es comprometerse con un proyecto político. Con político me refiero a la búsqueda del poder para la aplicación de un proyecto social, económico y cultural, que a esa colectividad le resulte, según su conocimiento el que mejor ajusta a sus legítimos intereses.


Hacerlo (comprometerse con un proyecto político) tiene sus costos; si los beneficios no los compensan (el costo de estar en mítines, de darle la espalda a los recursos de la federación, de dejar de recibir los subsidios del Seguro Popular, de Oportunidades, Procampo y todos los programas de CDI), simplemente se está perdiendo el tiempo.

Los programas sociales y la obra pública federal y estatal, simplemente elevan el costo del beneficio que el proyecto autonomista debe tener. La ecuación es simple: O la nación autónoma puede darle más a los bolsillos de los zapotecas, o de otro modo se están construyendo castillos en el aire, llenos de hermosas canciones de los Binigulaza.

El pragamatismo es lo que triunfa en estos casos. Analicemos el caso de las autonomías catalanas, vascas, gallegas: Son regiones que producen más de lo que sus federaciones les da, con mejores niveles de desarrollo humano que el resto de la población dentro de los países que los engulleron. La región de Santa Cruz en Bolivia es otro caso en el que una región fuerte y productiva tiene suficiente poder de negociación para concretar una autonomía.

Una segunda vía de autonomía es la creación de un nuevo territorio parte de la Federación; sin romper el pacto federal. El beneficio sería la autogestión regional. Sin embargo sin un plan coherente destinado a elevar la calidad de vida de los bene za no deja de ser un sueño istmeño, vallisto o serrano, un sueño irracional que abriría paso a nuevas disputas viles por los recursos federales.

Queremos ser independientes para tocar nuestros sones, cantar nuestras canciones y hablar nuestra lengua sin que nadie nos diga nada. ¿Para eso? que respuesta tan mediocre sería la afirmativa.