jueves, 30 de diciembre de 2010

Se acaba el año.

Termina el 2010, año del bicentenario oficial del inicio de las dos principales revueltas de la otrora Nueva España. Hay cosas para olvidar como fueron la ridícula campaña de Televisa para exaltar las bellezas naturales de de las entidades federativas creadas de forma artificial. ¿Por qué digo esto?

1) Porque las bellezas naturales son un hecho fortuito que no guardan ninguna causalidad con las guerrillas de independencia, ni con las levas de las múltiples facciones revoltosas de principios del siglo XX mexicano.

2) Porque una laguna ubicada en Colima o en Jalisco obedece a un capricho de algún político posrevolucionario y no a los logros de la Nación que este año pretendió México conmemorar (Que conste que no dije celebrar).

Cambiando de tema, ni hablar de la exitosa participación en el evento deportivo del año. Dos derrotas, una victoria con el peor equipo del mundial, un empate mmm... Lo más triste es que es el modelo deportivo que se le ofrece a los niños y jóvenes mexicanos.

Como país obtuvimos cifras catastróficas en los índices de corrupción, de educación y de investigación científica.

Ni hablar del deterioro social, de los falsos profetas que amenazan con volver como Quetzalcoátl, de los asesinatos a periodistas, del retroceso en derechos humanos, de las aberraciones de la principal iglesia de esta nación y del autoritarismo del gobierno local que pretende erigirse como el más liberal que hemos tenido (Adivinen de cuál hablo).

De las cosas buenas... mañana las describiré para cerrar el año con un mejor sabor de boca.